jueves, 2 de enero de 2014
La Paz del Señor.
Señor, ¿dónde está la paz que Tú das? Busco la paz día y noche pero no la encuentro.
Hijo, tendrás la paz que tú buscas. La Paz que yo te doy. Quizás el problema es que estás un poco confundido. Piensas que la paz es que todo esté tranquilo. Piensas que la paz es un mar en completa calma, sin una ola que lo mueva. Todo me sale bien, no me he enfadado con nadie, no tengo ninguna clase de tensiones, me siento bien conmigo.
Verás, es una idea muy bonita de la paz pero no demasiado realista. Tú piensas que la paz es no sufrir. Que, cuando sufres, no hay paz. Te voy a enseñar el secreto de mi Paz. Has visto el mar embravecido, furioso, en plena tormenta. Cuánto ruido, aquello no hay quien lo controle. Así eres tú cuando estás tenso, cuando sufres, cuando tienes problemas. Estás en plena lucha.
Pero mira el mar. En plena tormenta, bajas unos metros, al fondo. Ahí: qué silencio, qué belleza, qué calma. Dentro hay paz. Es la Paz que yo te doy: la puedes encontrar dentro de tu corazón: más allá de lo que sufres, en medio de lo que sufres. Más allá de lo que sientes y cuando no sientas nada o sientas todo en contra de ti. En el fondo de tu ser, dentro de ti, están tus convicciones profundas, la roca de tu fe, de todo lo que no pasa.
Tú lo sabes: yo te amo y nunca te abandonaré. Estoy contigo en el sufrimiento porque he sufrido por ti y para ti. Sufrir te hace grande y muy valioso a mis ojos. Te hace fuerte y generoso para entender a los demás. Te une a mi Corazón. Sufrir te gana el cielo. Sufrir vale la pena porque da mucho fruto. Hasta si sufres porque no te soportas, porque te gustaría ser de otra manera: ten paz en tu corazón. Lo que importa en esta vida no es ser perfecto sino amar desde tu pequeñez, con todo lo que tú eres. Ésa la Paz que te dejo, la Paz que te doy.
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